La mayor parte de nosotros incursionamos en la docencia por mera casualidad, de modo que no contamos con la formación específica para desempeñarnos en la misma.
En virtud de que también carecemos de la capacitación previa a nuestro inicio en esta actividad, estoy convencida de que aprender del ensayo y el error es lo que nos permite ir mejorando nuestro desempeño, no solo en la docencia, sino en las diferentes actividades de la vida, aun cuando lo ideal sería "hacerlo bien a la primera", para que se logre la calidad.
Un aspecto para mí fundamental es la disciplina, indispensable para el buen desarrollo de la clase, si bien es cierto que personalmente a veces me es difícil establecerla como quisiera, por diferentes motivos, entre los cuales se suma ahora, la inseguridad social que se vive y que ya empieza a reflejarse al interior del aula.
La desmotivación en los alumnos, es un tema preocupante, por lo que me parece importante el comentario de José M. Esteve cuando dice: "no tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta", y creo que si nosotros logramos implantar la curiosidad en los estudiantes por nuestros temas, solos se van a ir involucrando. Yo trato de aplicarlo en clases, no con esa profundidad, pero trato siempre de plantear interrogantes que permitan a los jóvenes buscar entre los conocimientos adquiridos con anterioridad o bien establecer una teoría de solución para responder a mis cuestionamientos, aunque debo decir que ésto es del agrado de aquellos que son más analíticos, no así de los demás.
Resalto también la importancia de ser un buen comunicador, para que haya un adecuado flujo de información así como también el que seamos maestros de humanidad y participemos en la formación integral de los estudiantes.
Algo que me hace reflexionar en mi quehacer docente es la idea de "tienes los alumnos que tienes, y con ello no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo del saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones", ya que en la realidad somos muy dados a quejarnos de la falta de preparación y compromiso de los mismos y lo confieso, en muchas ocasiones yo los he dejado de lado, con el fundamento de que "no les interesa", y eso es su problema. Sin embargo cambia mi perspectiva, pues sí debe debe ser de mi interés el hacer lo que esté a mi alcance por atraerlos, y me agrada tener esta visión porque me permite comprobar que el haberlo intentado en algunas ocasiones, aun cuando no haya tenido éxito, no está tan alejado de lo que hace un buen maestro.
Georgina Valle Coria
Comparto contigo los términos casualidad y proceso empírico, que es con lo que muchos de nosotros llegamos a la docencia; por otra parte enrolar a los alumnos en con nuestro programa es todo un reto y muchas veces nos preocupamos más por avanzar en el programa que en hacer un alto y verificar si el estudiante a captado el sentido que le queremos dar, es decir como el autor dice ponernos al nivel del alumno, ser maestros de humanidad.
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