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sábado, 8 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia

Soy química farmacobióloga de profesión, egresada de la UMSNH.

Al contrario de algunos compañeros, quiero manifestar que yo nunca tuve en mí el gusanito de la docencia, al contrario, siempre me alejé de aquellas actividades que tuvieran que ver con hablar en público y el manejo del mismo; sin embargo, cuando egresé de la facultad (julio de 1985), en el plantel CBTis 162 de Zitácuaro Michoacán (lugar donde residia), había en promoción una plaza de tiempo completo, que dejaba una ingeniero bioquímica, por lo que impulsada (y casi obligada, debo decirlo) por un abuelito muy querido, docente jubilado, llegué a solicitar empleo a mi actual centro de trabajo, y efectivamente, en agosto me encontraba ya fungiendo como "la maestra Gina" (así me conocen hasta la fecha).
Como podrán imaginar, fué un trance difícil, por mi carácter propio y porque además tuve que impartir 6 materias diferentes, en horario corrido y a alumnos que no estaban tan lejos de mi edad.
Debo mencionar que en aquel momento recibí un gran apoyo de varios de mis compañeros docentes, los cuales me daban consejos o compartían conmigo sus materiales de trabajo, lo cual me facilitó un poco la tarea, y digo un poco, porque aprendí junto con mis alumnos, pues tuve que estudiar, que preparar material, que idear o hasta ensayar el cómo explicarles los conceptos a ellos de forma clara; lograr controlar el grupo imprimiendo un ambiente de orden y respeto, cumpliendo a la vez con todas las actividades administrativas propias de la docencia. ¿Todo un reto verdad?. Sin embargo considero que salí avante, aun cuando esto demandó todo mi tiempo durante varios meses.
Reconozco que durante algún tiempo la docencia provocó en mí más susto que gusto, pero la misma convivencia con los jóvenes, su trato, su ambiente, desempeño y reconocimiento me animaron a seguir en esta actividad.
Actualmente tengo 24 años como docente y haciendo un análisis en retrospectiva de la actividad que ha ocupado la mitad de mi vida, pienso que elegí quedarme a desempeñar una de las profesiones (porque yo me considero ya mas docente que Química), más importantes de nuestra sociedad, y lo pienso así porque estamos inmersos de lleno en la formación de aquellos que tienen en sus manos la responsabilidad de mantener o modificar nuestro futuro entorno social, político, económico, cultural, etc.
Como docentes del nivel medio superior nos toca tratar con personas que mientras son nuestros alumnos terminan de pasar de niños a jóvenes, con todos los conflictos biopsicosociales que ésto implica, y que demanda en nosotros, no solo dominar nuestra materia y nuestros grupos, sino también el papel de orientadores, confidentes, asesores académicos y modelos a seguir.
La docencia ha sido una carrera en donde he alcanzado muchas metas y es motivo de satisfacción para mí en primer lugar, porque el reconocimiento de mis alumnos me hace determinar que he sido conguente entre mi actuar personal y mi desempeño profesional, además de que agradezco a algunos de mis alumnos el que me hayan externado que en alguna medida pude aportar algo valioso en lo que ha sido su proyecto de vida.
En los años recientes me ha producido una gran frustración, el que me cueste tanto motivar a los alumnos a practicar los valores morales dentro del aula, que mejoren sus hábitos de estudio, o simplemente que tengan interés por el estudio y reconozcan la importancia de una buena preparación en su vida; así como también me inquieta mucho el ver tantos alumnos afectados por los problemas de desintegración familiar tan frecuentes en nuestra sociedad, y que en gran medida se reflejan en su desempeño escolar.
Lo anterior me ha llevado a cuestionarme acerca de como puedo, desde mi trinchera, auxiliarles, y concluyo que la mejor forma de hacerlo es redoblando el esfuerzo que he puesto en mi desempeño durante estos años y ante todo capacitándome y actualizándome para adquirir las armas que me ayuden a lograrlo.
Georgina Valle Coria.

Mi aventura de ser maestro

La mayor parte de nosotros incursionamos en la docencia por mera casualidad, de modo que no contamos con la formación específica para desempeñarnos en la misma.

En virtud de que también carecemos de la capacitación previa a nuestro inicio en esta actividad, estoy convencida de que aprender del ensayo y el error es lo que nos permite ir mejorando nuestro desempeño, no solo en la docencia, sino en las diferentes actividades de la vida, aun cuando lo ideal sería "hacerlo bien a la primera", para que se logre la calidad.
Un aspecto para mí fundamental es la disciplina, indispensable para el buen desarrollo de la clase, si bien es cierto que personalmente a veces me es difícil establecerla como quisiera, por diferentes motivos, entre los cuales se suma ahora, la inseguridad social que se vive y que ya empieza a reflejarse al interior del aula.
La desmotivación en los alumnos, es un tema preocupante, por lo que me parece importante el comentario de José M. Esteve cuando dice: "no tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta", y creo que si nosotros logramos implantar la curiosidad en los estudiantes por nuestros temas, solos se van a ir involucrando. Yo trato de aplicarlo en clases, no con esa profundidad, pero trato siempre de plantear interrogantes que permitan a los jóvenes buscar entre los conocimientos adquiridos con anterioridad o bien establecer una teoría de solución para responder a mis cuestionamientos, aunque debo decir que ésto es del agrado de aquellos que son más analíticos, no así de los demás.
Resalto también la importancia de ser un buen comunicador, para que haya un adecuado flujo de información así como también el que seamos maestros de humanidad y participemos en la formación integral de los estudiantes.
Algo que me hace reflexionar en mi quehacer docente es la idea de "tienes los alumnos que tienes, y con ello no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo del saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones", ya que en la realidad somos muy dados a quejarnos de la falta de preparación y compromiso de los mismos y lo confieso, en muchas ocasiones yo los he dejado de lado, con el fundamento de que "no les interesa", y eso es su problema. Sin embargo cambia mi perspectiva, pues sí debe debe ser de mi interés el hacer lo que esté a mi alcance por atraerlos, y me agrada tener esta visión porque me permite comprobar que el haberlo intentado en algunas ocasiones, aun cuando no haya tenido éxito, no está tan alejado de lo que hace un buen maestro.
Georgina Valle Coria